Eliminar la Violencia contra la Mujer

En tiempos como éstos, en que la COVID-19 colocó la palabra pandemia en un primer plano, y deviene centro de atención y temor en el imaginario colectivo, vale recordar otra pandemia, considerada así por la Organización de Naciones Unidas: la violencia contra las mujeres, niñas y adolescentes.

Esta "pandemia", también expandida por el mundo, ha sido imposible de erradicar, a pesar de que implica “una violación grave y recurrente de los derechos humanos” y provoca “múltiples consecuencias físicas, sexuales, psicológicas, e incluso mortales”. Es  por eso que el 25 de noviembre se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Las medidas para enfrentar la transmisión de la COVIT-19, como el confinamiento en el domicilio, las restricciones de movilidad y la suspensión de actividades laborales y educativas, aumentan el riesgo de violencia contra las mujeres, niñas y adolescentes, sobre todo aquellas  que ocurren dentro del hogar.

La violencia sexual contra las mujeres y las niñas tiene sus raíces en siglos de dominación masculina. No olvidemos que las desigualdades de género que alimentan la cultura de la violación son esencialmente una cuestión de desequilibrio de poder, expresó António Guterres, Secretario General de la ONU, quien planteaba que "es muy probable que aumenten las tasas de violencia en el hogar mientras se intenta contener el nuevo coronavirus y, por tanto, esta constituye una de las tres formas en las que está afectando particularmente a las mujeres. Las otras dos formas en que las afecta la COVID-19 son su propia salud y el cuidado de los demás".

El hecho de que la violencia contra las mujeres aumente mientras otros delitos han disminuido, subraya la idea de que es una violencia de género, vinculada a desigualdades de género, y no a problemas sociales como la delincuencia o la inseguridad. Es una violencia que sufren las mujeres por el hecho de serlo.

Los efectos sobre la violencia requerirán tiempo e instrumentos que permitan medirlos. Esto implica, ante todo, reconocer la violencia que viven las mujeres en todos sus tipos, incluida la física, que suele resultar más visible, y también otras como la psicológica y la económica-patrimonial. Gritarles a las mujeres, insultarlas, prohibirles vestirse de determinada forma o negarles recursos económicos, son manifestaciones que a menudo ni siquiera se reconocen como violencia, y son justificadas y naturalizadas por quienes las infligen, las viven o conocen.

En nuestro país existen diferentes herramientas para combatir este flagelo. La Federación de Mujeres Cubanas cuenta con 174 Casas de Atención a la Mujer y la Familia, cuyo objeto social comprende el apoyo a víctimas de violencia, los Servicios de Orientación Jurídica del Centro Nacional de Educación Sexual, la Consejería para Mujeres en Situaciones de Violencia del Centro "Oscar Arnulfo Romero", y la plataforma digital "Yo sí te creo", además de otras iniciativas provinciales.

La encuesta nacional sobre Igualdad de Género en Cuba, realizada en 2016, mostró que el 39,6 % de las mujeres ha sufrido violencia a lo largo de su vida y el 26,7 %, en los últimos doce meses. La Constitución de la República reconoce la importancia de erradicarla.

El papel de la Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción de Cuba, UNAICC, y sus Sociedad, es contribuir a incrementar el conocimiento acerca de la violencia de género y el compromiso para eliminarla, denunciando estos hechos cuando son  identificados. Eliminar la violencia exige una atención integral, como parte de la cual ninguna de las partes involucradas debe naturalizarla o justificarla, y por supuesto, una de las vías a emplear pueden ser los Encuentros Iberoamericano de Mujeres Arquitectas, Ingenieras y Agrimensoras, donde todas debemos alzar la voz y denunciarla.

En este 25 se Noviembre, día naranja, busquemos movilizar a la opinión pública y emprender acciones concretas con el fin de promover la cultura de la no violencia. La elección del naranja responde a que este es un color que representa el futuro brillante y optimista libre de violencia contra las mujeres y niñas.

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