Recordar a Ñico en su centenario

El próximo 3 de  agosto José Antonio Rojas, Ñico Rojas, cumpliría cien años. Reconocido ingeniero, compositor y guitarrista de altos valores, Ñico hoy es recordado por sus familiares, amigos más cercanos, sus colegas hidráulicos, especialidad que desarrolló, y también por músicos, y por muchísimos cubanos que disfrutaron y siguieron  su obra.

Al adentrarnos un poco en el quehacer profesional y artístico de este habanero auténtico, conocimos que si bien estudió algunas lecciones de solfeo y técnica de la guitarra, su formación fue esencialmente autodidacta, y que por  pura pasión, perteneció desde su surgimiento, al movimiento denominado filing, junto a  otros grandes  del  pentagrama nacional  como César Portillo de la Luz, José Antonio Méndez, y Ángel Díaz, por solo mencionar  unos pocos.

Sus biógrafos señalan que “sus primeras influencias fueron muy diversas: Tárrega, Llobet, Segovia; música para piano de Chopin, Rachmaninov, Beethoven, que escuchaba desde niño […]; música popular cubana, principalmente Miguel Matamoros, Arsenio Rodríguezy los danzones de Arcaño y sus Maravillas. A estas se irían sumando otras muchas que enriquecerían su estilo propio […]”.

El propio “Ñico” Rojas, comentaría en una ocasión:

“Como mis padres me hicieron escuchar desde niño música clásica diversa y a su vez ellos cantaban música de trova tradicional, yo me crié dentro de la música total: clásica y popular. Por esa razón siempre aconsejaba a los fundadores del feeling que escucharan por lo menos, si no la estudiaban, música clásica, para ampliar la concepción en las ideas al componer.  Recomendaba y recomiendo estudiar música, cosa que sin embargo nunca he hecho, aunque tengo que confesar que tres valiosos maestros: Guyún, Gonzalo Roig y el mexicano Sabre Marroquín, me recomendaron que nunca estudiara música… ya que en mis composiciones existían “disparates geniales” que no los compondría de saber música”.

Expertos  aseguran que los títulos de sus obras para guitarra siempre fueron sencillos, “lo que contrastaba  con la extrema complejidad del discurso musical y las sólidas sonoridades y secuencias armónicas y contrapuntísticas. Dos empeños le han caracterizado a través de todo su quehacer artístico: el de hacer sonar la guitarra como “una pequeña orquesta” y la perseverancia y voluntad de mantener su propio estilo”. “Además, han planteado que su capacidad para la improvisación parecía inagotable, tal vez como resultado de su prodigiosa imaginación”.

En el centenario  de Ñico Rojas es imprescindible mencionar que su peculiar manera de  componer e interpretar, al fusionar lo clásico y lo popular, lo convirtió a  su manera  en un virtuoso, y que compartió  escenario relevantes instrumentistas de fama mundial, entre ellos  con Frank Emilio y Chuco Valdés, (pianistas); Jesús Ordóñez, (violinista); Cachaíto López, (contrabajista); Tata Güines, (tumbadora); Changuito Quintana, (paila); Enrique Lazaga, (güirista), y el flautista, Joaquín Olivero.

Muy  extensa  es la obra del guitarrista y compositor Ñico Rojas, éstas que menciono a continuación, son unas pocas de ellas: Canción a mi padre, Egoísta, Esta dicha nuestra, Me curan tus besos, Me has robado la calma, Mi ayer, Réquiem por Lázaro Peña y Elegía a Benny Moré.

Su carrera de ingeniero civil, egresado de la Universidad de La Habana 1945, se fundió con  su interés musical. En la provincia de Matanzas, devino hidráulico por el trabajo que desempeñara en ese territorio.

De forma paralela, en la Atenas de Cuba, recibió una notable influencia para el posterior desarrollo de su música, al entrar en contacto con afamados rumberos de Los Muñequitos de Matanzas, y con algunos creadores de tonadas campesinas, que  conociera mientras se dedicaba a la construcción de carreteras. Estas  dos corrientes puramente cubanas, dejaron su impronta en la obra guitarrística del compositor habanero.

Se asegura que “en la obra de Ñico Rojas, fallecido en 22 de noviembre del 2008, hay una mezcla de emoción, vitalidad, intelecto y buen gusto, elementos que debe reunir toda música, y cuya combinación es tan rara como necesaria”.