Salcines no debió su fama a La Fama

El arquitecto, ingeniero civil y eléctrico José Lecticio Salcines (1889-1974) debió su fama a un irrealizado proyecto altruista y no a la figura que ostenta ese nombre y preside la cúpula del palacio erigido por él para su familia, a fines de la segunda década de la pasada centuria.

Cuando la vida parecía sonreírle, el profesional, a quien se deben las más relevantes obras arquitectónicas de la oriental provincia de Guantánamo, proyectó y ejecutó en 1919 esa fastuosa vivienda, plenamente identificada con el eclecticismo o historicismo, estilo surgido en Europa a comienzos del siglo XIX, y heredero directo del neoclasicismo.

En Guantánamo esa corriente rompió con la parquedad de construcciones anteriores al primer tercio de la centuria pasada y proporcionó persistencia decorativa a las fachadas e interiores de las casas de esta ciudad.

Considerado desde esa época el edificio más bello de la ciudad, el Palacio alberga actualmente a la Dirección Provincial de Patrimonio Cultural, el Museo de Artes Decorativas y una Galería de Arte.

El primer nivel fue proyectado desde sus inicios con el concepto de planta libre, pues en esta debía radicar el gabinete del profesional que al morir dejó una valiosa documentación técnica, la mayor parte dispersa o perdida.

El hormigón armado predominó en la mansión en la cual las instalaciones eléctricas e hidrosanitarias se empotraron en tuberías de cobre, y los vitrales remedan los de similares (pero no tan acabados) palacetes erigidos por la burguesía habanera, en la primera mitad de la anterior centuria.

Pero lo que distingue a la mansión guantanamera es la pétrea figura que adorna su remate y reproduce la figura de La Fama , le mensajera de Zeus en la mitología griega, la encargada de propagar por el mundo los hechos grandiosos, dueña del presagio de lo bueno y lo malo por venir.

La estatuilla, con la clásica túnica griega y su largo y silente cornetín fue encargada por Salcines al escultor italiano Américo Chini, quien residía en La Habana en los primeros años del siglo XX.

Ella se confabula con capiteles, cornisas y columnas sui géneris para atraer al visitante, guantanamero o foráneo, y a los no pocos admiradores del arquitecto que murió en Cuba y al servicio de la Revolución, después de dilapidar sus ingresos procedentes del ejercicio de la arquitectura, en el empeño baldío de dotar de agua a la entonces sedienta ciudad de Santiago de Cuba.

Su Proyecto de Uso Múltiple, concebido con ese propósito y premiado en 1949 en un Congreso Panamericano de Ingeniería, fue la obra que lo elevó por encima de sus contemporáneos y le valió el calificativo del Carlos J. Finlay de la Ingeniería Cubana, que la revista Bohemia le adjudicó en una serie de artículos en la pasada década de los 50.
 
 

Próximos Eventos

Usuarios online

Hay 2540 invitados y ningún miembro en línea

Somos una asociación social profesional, autofinanciada, que agrupa profesionales vinculados a la construcción, para contribuir a la calidad total de sus obras, mediante el desarrollo científico, técnico y cultural de los afiliados

Contáctenos