Conservación del patrimonio. Holguín (I)

Batería Fernando VII. Valores y deterioros.

El siglo XV finalizó marcando acontecimientos significativos para la historia de la humanidad como fue el “descubrimiento de América” y las acciones posteriores emprendidas por España después de su conquista y colonización.

La Corona española basó el proceso de expansión en la fundación y progreso de poblaciones que rápidamente se convirtieron en centros de operaciones y de poder con los que se facilitaba la administración del territorio.

Las rebeliones indígenas y la apetencia de las potencias europeas por los dominios y riquezas, hacían peligrar la seguridad del imperio, al alentar, armar y proteger infinidad de corsarios y piratas que invadieron los mares americanos y especialmente los caribeños, despojando periódicamente a las débiles e inseguras poblaciones costeras y adquiriendo fama hasta convertirse en leyendas que aterrorizaban a vecinos de villas y ciudades.

Los conflictos de las casas reales europeas desatados a raíz del Tratado de Tordesillas de 1494 generaron por demás, un sistema defensivo de primer orden que abarcaba las ciudades costeras donde la Gran Flota de Indias tocaba puerto y otro secundario en aquellas donde se hacía comercio de cabotaje. Esta situación en el mar se convirtió en una lucha entre fuerzas navales desiguales que propició el despliegue y levantamiento de construcciones defensivas desde el mismo inicio del siglo XVI hasta finalizado el XIX con la guerra hispano- cubano-norteamericana que puso fin al imperio español en América, conformándose así uno de los más extraordinarios sistemas de defensa de la historia de la humanidad, por su alcance,  concepción integral y variedad arquitectónica.

Estas fortalezas, -principales bastiones en las ciudades-, se comunicaban mutuamente con otras obras militares secundarias como reductos, baterías de costa, plataformas, torreones, trincheras y polvorines, estableciendo un verdadero sistema defensivo marítimo costero y de campaña que culminaba en algunos casos con murallas de tierra y de mar.

Muchas de estas obras sufrieron modificaciones respecto al proyecto original. Ninguna ha llegado intacta a nuestros días y la mayor parte de ellas exhiben daños, alteraciones arquitectónicas o urbanísticas que las han destruido por completo o las hacen prácticamente irreconocibles sobre el terreno.

La ubicación geográfica y estratégica de Cuba en el Caribe le concedió el privilegio de ser uno de los centros comerciales hispanos más significativos de la región a partir del siglo XV, aspecto que favoreció la concentración de un fuerte aparato militar como en pocas colonias de América, por tanto, estas fortificaciones poseen hoy un incuestionable valor histórico, cultural, arquitectónico y patrimonial, caracterizándose por la diversidad de sus tipologías, su monumentalidad y representando la evolución de la arquitectura militar en Hispanoamérica.

En correspondencia con lo anterior, se precisa un acercamiento directo desde la arquitectura a las edificaciones militares y dentro de ese amplio repertorio defensivo, a la conservación de todo tipo de fortificaciones costeras, entendidas estas como construcciones que han coexistido en el tiempo y el espacio donde se enclavan, muchas veces divorciadas de éstos o en el anonimato, son parte de la identidad territorial y permanecen ante el imaginario popular como elementos que físicamente aparecen dispersos, sin conocerse que alguna vez trabajaron como un todo, formando parte de un bien pensado complejo sistema de defensa que ha trascendido hasta nuestros días.

La conservación de este patrimonio cultural: “[…] y del construido específicamente, constituye una trinchera de combate diario, tan importante como la defensa, porque está unida a la propia identidad nacional -en última instancia-, la razón del ser y el germen de todo sentimiento patriótico”.

La lectura y el análisis del trabajo de este investigador, evidencia la existencia de factores a nivel internacional que atentan contra la protección e integridad, así como favorecen la destrucción y abandono de este patrimonio, entre los que se pueden enunciar:
1. Malas intervenciones.
2. Usos inadecuados que desvalorizan la naturaleza del monumento.
3. Predominio de la falta de voluntad política y de apoyo financiero.

En el caso particular de Cuba se suman otros fenómenos originados al coexistir este tipo de edificaciones y sitios históricos en territorios con orientaciones desiguales; entiéndase, por un lado, las que se ubican en regiones donde sus destinos se han beneficiado con sabias políticas, como en La Habana, Santiago de Cuba
o Cienfuegos y, por el otro lado, las ubicadas en otros territorios del país -como en Holguín- donde no se trabaja la conservación bajo la tutela de Oficinas del Historiador o del Conservador, con políticas precisas para la gestión de la conservación de sus bienes culturales, disminuyéndose sensiblemente las posibilidades de actuación sobre el patrimonio analizado.

Nuestra provincia cuenta con un registro monumentario de su sistema de fortificaciones en la franja Holguín-Gibara y son escasas las medidas para evitar el deterioro de sus elementos.

La fundación de la Villa de Gibara está vinculada al inicio de la construcción de una batería urbana de infantería, motivada por la necesidad de proteger las propiedades de los ocupantes de la extensa jurisdicción de Holguín -segregada de la de Bayamo- y buscando además con ella seguridad en el tráfico marítimo.

Los fundamentos para su solicitud fueron avalados por el Gran Almirante Cristóbal Colón trescientos veintitrés años antes, cuando reconoció al oeste del cañón de la bahía, una zona de la costa apropiada para el emplazamiento de la misma, y así lo sugirió.

El 16 de enero de 1817 se colocó la primera piedra de la obra que llevaría el nombre de Fernando VII del Puerto Real de Gibara, en honor al rey de España. Esta fortaleza fue construida en el promontorio conocido como Punta de Yarey, de frente al mar y franqueando la boca de la bahía, “…por ser su boca estrecha, a propósito para la construcción de una batería impugnable, acompañada de una mar bravía, que hacía muy difícil los desembarcos, donde se podía hacer fuego a las embarcaciones aunque se encontrasen mar afuera y a gran distancia, lo que dará seguridad al puerto y terminaría los insultos que para la nación española representaba la presencia constante de barcos piratas fondeados en la bahía”…

A la sombra de la batería nació el pueblo, que a partir de entonces tuvo un auge constructivo considerable al constituirse además como plaza segura en el período de las guerras por la independencia, gracias al amplio sistema de fortificaciones realizado por España para su protección.

Aquella obra bajo el mando del Comandante don Miguel López de Corella cumplió su misión histórica, la protección de las naves fondeadas en su bahía, el tráfico comercial marítimo seguro por el canal viejo y la prosperidad económica de los ocupantes de la extensa jurisdicción de Holguín, dando puerto seguro a las embarcaciones que no lo tenían entonces desde Nuevitas a Baracoa. Por él embarcaron los holguineros sus cueros, carne salada, tabaco, maderas preciosas, azúcar, mieles, y recibieron esclavos, vinos, porcelanas, maquinarias y grasas, entre otros productos.

En Holguín se han realizado trabajos encaminados al estudio del sistema de fortificaciones por la Oficina de Monumentos y Sitios Históricos, del Equipo Técnico de Monumentos de la Ciudad de Holguín, encabezados por la investigadora Lic. Ángela Peña Obregón y vinculadas a aspectos de interés arqueológico e histórico, turístico y cultural.

Entre ellas se destacan las realizadas por la propia especialista y Enrique Doimeadiós Cuenca, cuyos estudios resultan reconocidos por ser amplios en cuanto a la recopilación de la información, fichaje y registro documental, con énfasis en el punto de vista histórico, pero no concretan acciones para la preservación de las fortificaciones.

En noviembre del 2017 el arquitecto Alain García Rivas, en su tesis de opción por el título de Máster en Conservación y Rehabilitación del patrimonio edificado, realizó una caracterización del sistema de fortificaciones ya citado, pero sin llegar éste a la batería, su fachada atlántica.

La Batería Fernando VII es parte importante del sistema defensivo militar que se desarrolló durante la época en el territorio gibareño, del cual han llegado a nuestros días, además, el Cuartelón, algunos fortines y haciendas fortificadas, así como los restos de la muralla que protegió la ciudad por tierra.

Esta obra de incalculable valor patrimonial, posee una persistente influencia en la imagen de la ciudad  y su fuerte carga simbólica es trasmisora de mensajes del pasado, destacándola como un significativo exponente de la arquitectura militar de la colonia en Cuba y América Latina.

Sin piratas ni corsarios, sometida permanentemente durante más de doscientos años a presiones de todo tipo y en determinadas circunstancias soportando eventos meteorológicos extremos, parte de sus objetos y elementos se encuentran en crítico estado, con severos daños estructurales que afectan su estabilidad y disminuyen su tiempo de vida útil, verificándose actualmente sectores ya colapsados y otros con peligro inminente de derrumbes, de ahí que se hace impostergable su conservación sostenible.

Cuando el deterioro o descuido del bien histórico se produce, se crea una fisonomía desordenada o un caos visual-ambiental. Allí donde reside éste, se rompe la identificación del hombre con su medio, perdiéndose el arraigo y el afecto de la población por su localidad y los bienes históricos que le pertenecen, en este caso a los gibareños y a los holguineros todos. (Publicado en el Boletín Ciudad Parque. Julio 2019)

Ing. Carlos Miguel Díaz Matos, Grupo de Gestión
Técnica, Vicepresidente UNAICC. Holguín


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