El Dr. Leonardo habla con afiliados de la UNAICC en Guantánamo

En su encuentro con afiliados de la Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción de Cuba (UNAICC) en su natal Guantánamo, el galeno Leonardo Fernández Fernández, recurrió a una frase humilde  “En Lombardía, los médicos cubanos  nos concentrábamos en la misión puesta en nuestras manos: ayudar, y no en  los riesgos ni la probabilidad real de contagiarnos”.  

 
Y la otra expresión, de plantilla en sus labios fue:  “Los verdaderos héroes, los valientes son ustedes, profesionales que permanecieron aquí junto a su pueblo, como el resto de mis colegas  en los hospitales cubanos, expuestos también al riesgo, para lograr que Cuba sea hoy un ejemplo para el resto del mundo en el combate contra la COVID-19”.

“Nuestra misión fue abnegada, insiste, pero no heroica” insiste, y pide que reservemos ese adjetivo para los médicos guantanameros que participaron como internacionalistas en la guerra contra  Angola, Mozambique y  Etiopía, con el estetoscopio y las armas en las manos, también para salvar vidas, después de preservar la propia.

En el intercambio que devino conversatorio, en la guantanamera sede de la UNAICC, se hallaban Rosalina Fournier Frómeta, miembro del Consejo de Estado de la República de Cuba  y de esa organización social profesional, y el también arquitecto Max Singh Castillo, presidente de la Junta Directiva Provincial.

Figuraron también  integrantes del "Contingente 3 de diciembre", aprobado en el más reciente congreso de los arquitectos e ingenieros “para garantizar una respuesta coherente ante emergencias y  desastres y apoyar programas comprendidos en el plan nacional de desarrollo 2030”, y algunos de sus condiscípulos con quienes el orador compartió la época de la secundaria y los preuniversitario en el campo.

La trayectoria internacionalista y humanitaria del  guantanamero de 67 años, el más longevo entre los 52 integrantes de la Brigada Henry Reeve que viajó a la nación mediterránea a enfrentar la pandemia del nuevo coronavirus, incluye otras encomiendas del Estado Cubano y su Ministerio de Salud Pública, tanto en África, como en América Latina, “cuando la Revolución Sandinista estaba en sus albores, y la contrarrevolución (los llamados “contras”) intentaban derrocar a los guerrilleros triunfantes que derrocaron al tirano Anastasio Somoza”.

Otros países recibieron su concurso,  Haití, cuando el Ébola, pero no pudo acudir a Estados Unidos  en 2005, a contribuir a ayudar al resarcimiento de las secuelas del huracán Katrina, por la negativa de la administración de turno a recibir la cooperación cubana a la afectada  costa sur de EE.UU: Luisiana, Mississippi y Alabama, y sobre todo Nueva  Orleáns.

Recuerda que en agosto de aquel año se crea este contingente internacional especializado en situaciones de desastres y graves epidemias, cuya pertenencia a él “constituye el honor más grande de mi vida”, “porque no solo honra a Cuba, sino también al excepcional joven combatiente norteamericano que murió luchando por la independencia de Cuba”.

 Por ello, a guisa de colofón, declara  este especialista en Medicina Interna y Emergencias Médicas y en Terapia Intensiva,  que aunque son  siete las misiones cumplidas, y tiene 67 años, no vacilaría en acudir al llamado de salvar vidas, el objeto de la profesión que estudié y a la cual agradezco mi consagración plena como revolucionario y ser humano.