Apuntes del desarrollo hidráulico de Guantánamo

"Historia de la hidráulica de Guantánamo", así se denomina la obra conjunta del Máster en Ciencias José Sánchez Guerra, Historiador de la Ciudad de Guantánamo, y los miembros de la Sociedad de Ingeniería Hidráulica, Pablo Riesco Benítez y Gerardo Fernández Puisseaux, quienes en diferentes etapas de su vida laboral desempeñaron responsabilidades en la dirección provincial de Recursos Hidráulicos (DPRH) y en la Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción de Cuba, UNAICC.

Sobre esa loable alianza entre esas organizaciones de índole social-profesional, el Arquitecto Max Singh Castillo, presidente de la Junta Directiva de la UNAICC en el territorio, opinó que traspasa el umbral editorial y sirve de punto de partida para empeños mayores, en beneficio de ambas.

En la investigación citan que las primeras fuentes de abasto del  caserío inicial, el Saltadero, nombrado posteriormente Santa Catalina de Guantánamo,  fueron el agua que se trasladaba desde el río Guaso y los pozos artesanos, construidos por personas con poder  económico.

Explican que los antecedes de la obra se remontan a 1855, cuando el comandante Enrique Sánchez  Manjón, gobernador de la jurisdicción de Guantánamo  propuso a la sección de la Junta Municipal la creación de un  acueducto, sobre el “no se volvería hablar hasta julio de 1887, cuando el alcalde Salvador Beltrán convoca a  un irrealizado  proyecto para el establecimiento de cinco fuentes publicas”.

A principios de 1899 el ingeniero Eduardo Chibás Guerra, padre del líder  revolucionario de igual nombre, promueve con idéntico propósito, un encuentro del alcalde Pedro A. Pérez con Leonardo Wood, a la sazón Gobernador Militar Norteamericano, “para explicarle la difícil situación sanitaria de la Villa”

En su monografía los autores corroboran que en el verano del citado año se delegaron en  Chibás Guerra los estudios de campo para la construcción del acueducto y en el catalán Juan Payás la función de contratista, “luego del crédito de 10 mil dólares mensuales conseguidos por el alto funcionario yanqui”.

“Las primeras remesas de tubos para la obra llegaron procedentes de Estados Unidos en febrero de 1901, mes en que . C.A. Knowlton, de la Guantánamo Water Works comunica que “dará agua gratis a todos los que la soliciten  en la calle Moncada entre Narciso López y Jesús. del Sol”.

En septiembre el Ayuntamiento, bajo la presidencia del general Pérez, nombró una comisión dirigida por Chibás para el estudio de los gastos e ingresos que originara la administración del acueducto, terminado el 21 de noviembre de 1901, “ fecha prevista en el programa de actividades por el aniversario 150 del otorgamiento del título de villa a esta ciudad”.

El acueducto comprendía una represa construida en el cauce del río Guaso, a una altura de 130 metros. sobre el nivel del mar, situado al norte del poblado del mismo nombre, en las estribaciones de la Sierra  Guaso.

Este punto, según precisan Sánchez Guerra, Riesco Benítez y  Fernández Puisseaux, radica la represa, desde la cual  una conductora de  15 kilómetros entronca con la calle Martí y el 13 norte, en la hoy sexta urbe cubana más poblad.

A partir de esa intersección -se lee en el texto original- nace la red de distribución suministradora de 72 litros por segundo (l/s) a la población, casi mil galones de diarios, pero menos de la décima parte de los mil 200 l/s que entrega la potabilizadora Guaso, luego de su reciente rehabilitación.

Al respecto, acota Sánchez Guerra, la diferencia es notable, pero debe tenerse en cuenta que la población de la ciudad ascendía a siete mil 137 habitantes y hoy supera los 200 mil, y añade, pero, sin dudas fue aquella la obra social más importante emprendida en la etapa de la alcaldía de Pedro Agustín Pérez, que a su probidad como funcionario público, sumaba el mérito de ser el único guantanamero que alcanzó el grado de Mayor General del Ejército Libertador.

Precisó el miembro de la Academia de Historia de Cuba, que “durante las cuatro primeras décadas del siglo XX, se consideraron  las aguas del acueducto de Guantánamo entre las de mayor calidad en el archipiélago”.

En cuanto a la figura del ingeniero Chibás Guerra, sin la cual sería imposible escribir la historia del Guantánamo de la primera mitad del siglo XX, el intelectual añade que 16 años después, en 1917, gracias a él se inaugura la pequeña central hidroeléctrica (PCH) Guaso, la cual aun perdura y se vincula a la ampliación del acueducto.

“Se instaló entonces–dice Sánchez Guerra- una nueva conductora de 2,7 km de largo, con tuberías de 40 pulgadas de diámetro, desde la atrayente Caverna del Campanario, a 318 metros sobre el nivel del mar, donde brotan las cristalinas aguas del río Guaso, hasta la nombrada chimenea (accesorio hidráulico para eliminar la sobrepresiones en el sistema)”-

A partir de ese lugar la conductora original se bifurca en dos de 20 pulgadas cada una, durante 1,2 kilómetros, hasta entroncar con la que hoy es considerada una de las siete maravillas de la ingeniería civil guantanamera, y posee varios dispositivos mediante los cuales comenzó a generar electricidad para los guantanameros hace más de un siglo.

Luego de emparentarse con la pequeña central hidroeléctrica, el acueducto sumó a sus obligaciones la de suministrar agua potable a Caimanera, y a la ilegítima base naval norteamericana enclavada en suelo cubano, a la cual le fue suprimido el servicio en los primeros años de Revolución, por las agresiones perpetradas desde ella contra Cuba.

Desfilan por el texto presentado por el tríptico de afiliados a la UNHIC y UNAICC , los trabajos de urbanización de la ciudad de Guantánamo y en particular la construcción del sistema de alcantarillado, drenaje fluvial  y pavimentación de las calles comprendidas en el proyecto, obras dirigidas en 1944 por el Ministerio de Obras Públicas.

“Se amplia y moderniza el acueducto –acota Riesco Benítez-, con la adición de tuberías de 24 y 20 pulgadas, que conducen 300 litros por segundo, nueva y extensa red compuesta de ramales principales y secundarios, con una llave reguladora a la entrada de cada domicilio”.

Además del centro de la ciudad se beneficiaron con la obra las barriadas de  San Justo, Confluente y Monona. La situación continuó deficitaria para los numerosos pobladores del sur y del norte de la ciudad. También se benefició al poblado de  Jamaica, cabecera entonces del término municipal de Yateras.

El casi octogenario ingeniero Gerardo Fernández Puisseaux, ha tenido en sus riendas el agua almacenada en Guantánamo durante los años en que estuvo al frente de la dirección provincial del llamado Instituto de Hidroeconomía, y fue testigo de la epidemia de fiebre tifoidea que azotó a la ciudad en 1955 y 1956, y durante el mes de julio del segundo de esos años privó de la vida a 69 niños, y en diciembre alcanzó la cifra de 467 contagiados.

Recuerda haber leído en  prensa de la época que la causa principal de ese flagelo fue el caudal contaminado del río Guaso, “al no contar su acueducto con filtros y planta de cloro”

Tras el triunfo de la Revolución, en 1962 se crea el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH), poniéndose de manifiesto la voluntad hidráulica del gobierno cubano y en particular el pensamiento estratégico del Líder de la Revolución Fidel Castro, quien nombró al comandante Faustino Pérez como presidente del INRH, dirigente que atendió de manera sistemática los proyectos previstos en el territorio guantanamero.

Sin embargo, las perspectivas hidráulicas del país asoman en una obra del insigne guantanamero José Lecticio Salcines, premiada en el Primer Congreso Panamericano de Ingeniería, celebrado en Río de Janeiro, Brasil, 1949, y denominada por el autor  Proyecto de Uso múltiple, premiado en el I Congreso Panamericano de Ingeniería, celebrado en Rio de Janeiro, Brasil, en 1949.

La iniciativa es considerada la primera empresa científicamente fundamentada para aprovechar  parte del caudal fluvial de la Isla, suministrar agua a Santiago de Cuba, aportar energía barata a la antigua provincia de Oriente, e irrigar cinco mil caballerías del valle de Guantánamo, mediante el aprovechamiento de las cuencas al Este de la Cuna de la Revolucion, desde el Baconao y el Indio, hasta el Toa.

En fecha tan temprana como es octubre de 1963, el jefe de la Revolución se refería a la necesidad de construir las presas de los ríos Guaso y Guantánamo, en base a los estudios realizados en décadas anteriores por Salcines.

Esos estudios, precisó en el diálogo Pablo Riesco Benítez, constituyen el meollo del mencionado trasvase ahora denominado Toa-Yateras-Guaso, en el cual labora la comunidad científica guantanamera y la delegación de Recursos Hidráulicos, y del Ministerio de la Construcción como opción para enfrentar la casi secular sequía que azota al Alto Oriente de Cuba.
 
 






 









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